Violencia Haití deja 14 muertos

- Violencia Haití deja 14 muertos

Haitianos que reclamaban el regreso del presidente derrocado Jean-Bertrand Aristide arrojaron piedras y dispararon armas el sábado, y la violencia en la capital haitiana dejó un saldo de 14 muertos.

Tres partidarios de Aristide se refugiaron en las oficinas de Radio Caraibes y dijeron que permanecerí­an allí­ para evitar ser arrestados. Unos 15 agentes de policí­a rodearon el edificio, pero sus propósitos no eran claros.

``Vinimos aquí­ a decir que es necesario hacer la paz’’’’, dijo el ex senador Gerard Gilles en la emisora. ``Pero el gobierno envió su policí­a a rodearnos. Somos rehenes. Si la comunidad internacional lo tolera, no sabemos qué sucederá’’’’.

Por lo menos cinco hombres fueron muertos a tiros el viernes frente a la casa de un dirigente comunitario antiaristidista en el vecindario Village de Dieu, dijeron vecinos.

El viernes, el jefe de policí­a, Leon Charles, dijo que cuatro agentes habí­an sido asesinados en enfrentamientos. Tres de los agentes habí­an sido decapitados, y el otro fue muerto a balazos, dijo Charles.

La mayorí­a de los vendedores se mantuvieron apartados de sus estancos el sábado en la mañana mientras partidarios de Aristide, quien vive exiliado en Sudáfrica siete meses después de su derrocamiento, pidió a sus simpatizantes que dedicaran una tercera jornada a conmemorar el golpe de 1991 que puso fin a su primer gobierno.

Hombres enmascarados lanzaron disparos al aire el sábado en la mañana en la urbanización de Bel Air, un bastión de los partidarios de Aristide, dijo la emisora de radio privada Signal FM.

``Hay tiroteos. Están lanzando piedras. La gente no puede caminar por las calles’’’’, dijo Bonhonne Esperance, de 42 años, un guardia de seguridad desempleado, que vive en la zona.

También se registraron tiroteos el sábado en la madrugada en el barrio pobre de La Saline. Algunas personas lanzaron piedras contra automóviles, dijeron residentes.

Al amanecer, una patrulla de la policí­a haitiana armada con rifles realizó labores de vigilancia en el centro de Puerto Prí­ncipe. No se vio en la zona a soldados del cuerpo de paz de las Naciones Unidas.

Tropas brasileñas fueron atacadas a balazos el jueves en otro bastión de Aristide, el barrio pobre de Cite Soleil. Toussaint Kongo-Doudou, vocero de la ONU, dijo que los brasileños respondieron al fuego, pero no se informó de ví­ctimas.

La emisora Radio Metropole dijo que al menos un civil habí­a muerto baleado el viernes en una demostración en favor de Aristide. El Nacional 3-19-2004/Portada.

- Temblor de tierra provoca el panico entre poblaciones haitianas y dominicanas por Pedernales

Un temblor de tierra se registró ayer en la madrugada en región fronteriza de Pedernales y comunidades haitianas, causando alarma ente los habitantes de esta zona, especialmente entre haitianos residentes al otro lado de la frontera.

El movimiento telúrico se registró a las 5:00 de la madrugada, cuando numerosas personas salieron de sus casas y se mantuvieron en las calles hasta bien entrada la mañana.

No se informó de daños materiales ni de ví­ctimas aunque se produjeron escenas de pánico en algunos lugares donde se escuchó un intenso ruido, producto del mivimiento telúrico.

Varias personalidades de esta ciudad también abandonaron sus casas y avisaron a los vecinos para que estuvieran alerta en caso de que se registrara otro temblor de tierra.

En Santo Domingo el fenómeno telurico fue confirmado por el servicio sismologico confirmado que no se habian reportado muertos ni heridos. El Nacional y Alterpresse Santo Domingo 3-10-2004/provinciales.

- Sobre azúcar y amarguras

Recuerdo el impacto que me causo, el libro Azúcar Amargo. Era una mezcla de indignación y de vergí¼enza. Me sentí­a culpable por la realidad descrita tan escondida y deshumanizada. Los organismos internacionales, que lo habí­an propiciado, buscaban indignar, no tanto sobre el cultivo de la caña y la cultura que lo rodea, sino sobre las condiciones de trabajo y de vida, en general, de los braceros. Dieron en el blanco, y fue una justa ola de indignación. En el mundo occidental, que habí­a propiciado la esclavitud ligada al cultivo de la caña de azúcar, las almas se revolcaron y se indignaron, cuatro siglos después.

Llegados de todo el Caribe anglosajón y después de la ex - colonia francesa, Haití, los braceros, como se les llamaron, se habí­an convertido en la espina dorsal de la columna vertebral de la economí­a dominicana. Pero nada de reconocimiento, ni de celebración, la caña de azúcar, nunca hizo fecha patria en el calendario dominicano y menos aun, en la conciencia del ser dominicano.

Esos campos son monótonos para algunos. Ninguna escuela dominicana celebra el inicio de la zafra, ni esta es objeto de estudios aplicados. Ningún arquitecto ha destacado la belleza insólita de esa chimenea humeando en blanco, baluarte de los campos y marca indeleble de Villa Altagracia, de Esperanza o de Andrés Boca Chica. Al contrario, la caña forma parte de una memoria ocultada y recluida en los dedales de la difí­cil identidad del dominicano, esta asociada a la esclavitud y a un modo de hacer las cosas que los españoles no intensificaron aquí­, pero si en Cuba, que los ingleses y franceses perfeccionaron al punto, de constituir la base material de sus exitosas economí­as, próximo a la Revolución industrial.

En la memoria del dominicano, el azúcar se asoció a la llegada del cocolo y del haitiano, con ellos, sus ritos religiosos que la Iglesia Católica condena y rechaza, como el vodú y la santerí­a. Ninguna mala palabra española se asocia al dolor de la zafra, solo, el sonido colorido del creole, como lo rescato, Nicolás Guillén.

Por eso, veo hoy, con un sentimiento confuso, la dominicanidad resaltada y agrupada en torno a la caña de azúcar: en contra del maí­z y del sirop, sonando esto, algo surrealista. Se es alegre por haber impuesto un 25 % de gravamen al producto gringo, por encima de las presiones, se realizó una Unión Nacional, en torno a una industria dominada por capitales extranjeros, cubano-americanos, que reivindica a 9,000 colonos que esperan su renta anual y a 2,000 a 3,000 empleados. ¿Quiénes son ellos, a dónde están, no son oficinistas, son esos braceros y familias agrupadas en torno al Ingenio y en los bateyes! Porque no nombrarlos, porque no defenderlos, no son abstracción, son la realidad.

Algunos sintieron alegrí­a frente a ese sobresalto nacionalista con razón pero preocupa, que otra vez, se obvie, la razón de ser de la industria cañera dominicana: esos 2,000 a 3,000 braceros, trabajadores de los ingenios y bateyes, siempre y hasta hoy, olvidados: ellos son la espina dorsal de esa industria, tan querida hoy, elevada al rango de Industria Nacional. Es, me imagino, para salvar esos 3,000 empleos de humildes trabajadores, en su gran mayorí­a, dominicanos hoy y haitianos ayer, que se impuso ese gravamen de 25 %, sino la guerra del azúcar contra el maí­z no tiene sentido. Hasta las guerras económicas tienen sus héroes, ellos deben ser los motivos humanizados de tan grande sobresalto nacionalista. Amparo Chantada/Hoy 3-10-2004.

- Haití: Secuela del embargo de la ONU

El gran problema haitiano ha sido siempre el de su cohesión interna; desde el principio mismo de su independencia, -ya sea por el carácter de la guerra contra los franceses o por la falta de comprensión de sus lí­deres fundadores- Haití ha recorrido 200 años de inestabilidad y de intransigencias. Quizás con la excepción de Alexander Petión, ningún gobernante haitiano se puede definir como preocupado por el progreso de la educación y de la integridad social.

Por razones de su propia estrategia Dessalines, que fue el padre de la Independencia, emprendió en el sur del paí­s una campaña de dolorosa retaliación en contra de la población blanca de la isla.

Tras el asesinato de Dessalines, a menos de dos años de la Independencia, el paí­s se dividió constituyéndose en Cabo Haitiano, bajo el liderazgo intransigente de Cristóbal, un régimen que si bien cruel, también tuvo sus rasgos de ordenamiento y progreso económico. La enseñanza, al parecer, no era entonces una prioridad para esos regí­menes. Así­ Petión gobernó en Puerto Prí­ncipe y el Sur hasta su muerte y Henry I (Cristóbal) en el norte hasta su deceso.

Vino después de Petión y Henri I la unificación de Boyer tras una operación militar rápida. Y así­ transcurre la historia de Haití hasta que Boyer es depuesto y los conflictos de camarillas militares se autoeliminan y hacen caer el balón del poder en las manos impensadas de Soulouque (luego Faustin I), como fruto de la estrategia de aflojar ahora para agarrar después.

Tremendo error de cálculo. Soulouque dijo cuando le propusieron la presidencia que eso era una broma, cuando vio que era en serio, entonces comentó: "Ah, pero entonces Haití no vale nada si me ponen a mí­ de presidente". El viejo zorro terminó siendo más hábil que sus patrocinadores y se afianzó con uñas y dientes en el poder por casi trece años.
Este preámbulo es para matizar lo que fue la desorganización ingénita de Haití, sus dificultades y la ausencia de liderazgo preclaro que tuviera una visión iluminada de la razón de ser de ese Estado; de la importancia de que esa nación de negros ex esclavos se organizara monolí­ticamente creando una estructura económica, moral y cultural que la preservara en los embates de las circunstancias históricas de la época.

Después de la larga y rechazada intervención militar norteamericana en Haití (1914-1935) hubo allí­ regí­menes que parecí­an inspirados en ese propósito. Pero en poco tiempo la falta de cohesión social y la ingerencia extraña, hicieron girar la situación hacia la intolerancia y la tiraní­a. Es así­ como llega en el 1957 Francois Duvalier al poder.

Esa larga tiraní­a termina en el 1986 y resurge la esperanza con el gobierno de minorí­a, pero electo, de Leslie Manigat, un intelectual acabado pero sin gran apoyo en la sociedad. Su gobierno se desmorona y vuelve la inestabilidad hasta que la esperanza renace -con la timidez de la verdolaga- con el gobierno sietemesino de Tití­ Aristide que abre paso al golpe de Estado de Raoul Cedrás y Francois Michel, este último considerado un terrorí­fico jefe de la Policí­a, usuario de las tétricas marismas de Titagné, en donde eran arrojados cadáveres de seguidores de Aristide.

Estaba en boga entonces la lucha contra los golpes militares debido a que la antes socorrida lucha ideológica Ese-Oeste ya habí­a desaparecido y la nueva polí­tica norteamericana y de las potencias de la Unión Europea se circunscribí­a a fortalecer los regí­menes surgidos de votaciones populares. Pero el remedio que se buscó para corregir el golpe de Estado fue peor que el quebranto provocado por la asonada militar: El embargo de las Naciones Unidas.

La ONU aplicó una sanción para elefantes a un famélico venado y la consecuencia inmediata fue el raquitismo de la sociedad haitiana; allí­ se llegó a cotizar el galón de gasolina en 200 gourdes y eso fue sólo un reflejo del desquiciamiento de la economí­a que trajo aparejada la sanción del organismo multinacional.

La mediana y pequeña burguesí­a haitianas fueron heridas de muerte y su recuperación sólo ha sido paliada en parte con el fenómeno de la emigración, o la diáspora, como ellos le llaman. Lo peor de todo es que tras el regreso de Aristide los problemas internos impidieron que la ayuda acordada con los organismos internacionales y las inversiones en general fluyeran adecuadamente a ese paí­s, las zonas francas nunca se recuperaron y los negocios se degradaron a niveles desmesurados.

Tras el insí­pido gobierno de cinco años de René Preval, otra vez volvió Aristide y fue depuesto y exiliado nuevamente; otra vez la ONU está allí­, pero ahora las fuerzas internacionales se tiran la pelota de la seguridad pública y el desarme, indicando que no tienen tropas para esas funciones, pero tampoco se ocupan de fortalecer adecuadamente al gobierno haitiano...¿Qué vendrá si no es el caos?

Los norteamericanos temen la aparición de un estado criminal, y otros auguran matanzas devastadoras tipo Rwanda. Y eso es lo que se verá si la comunidad internacional no deja de asumir poses cosméticas y se toma en serio el papel de pacificar a Haití con todas las consecuencias. Es el momento de devolverle a ese paí­s siquiera el mí­nimo esplendor que exhibí­a al momento de implantarse el devastador bloqueo de tres largos años de principios de la década pasada. El tiempo pasa y la crisis sólo se agrava...¿Hasta cuándo?
Silvio Herasme Peña/ex embajador en Haití/Listí­n Diario 3-10-2004.