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Republica Dominicana : Homenaje al poeta haitiano Jacques Viau Renaud al conmemorarse el 39 de la Revolución de Abril de 1965


Añadió el Martes 27 de abril de 2004

¡No habrá paz! /
¡Llanto para quebrar el llanto, /
muerte para matar la muerte! (Jacques Viau)

Por José Luis Soto

Santo Domingo, 26 abr. 04 [AlterPresse] --- La República Dominicana conmemora hoy, 24 de abril del 2004, el 39 aniversario del inicio de la gesta histórica de la Revolución de 1965, recordando a todos los caí­dos en combate, a los que dieron sus vidas por tan noble causa. Nacionales y extranjeros que como el poeta haitiano Jacques Viau Renaud, lo sacrificaron todo por la causa dominicana, en su lucha por restablecer en el poder al profesor Juan Bosch y la vuelta a la constitucionalidad.

Fueron miles los caí­dos en combate. Mucha sangre corrió como rí­o en desbandada durante la lucha contra los malos dominicanos que nunca entendieron que era vivir en democracia y pidieron la presencia del "Yanqui Invasor" en suelo quisqueyano. Entre esa sangre que brotada en suelo dominicano estuvo la de Jacques Viau Renaud.

A El, nuestro eterno agradecimiento, por su lealtad, su solidaridad, su amor a la patria dominicana, su internacionalismo y a la fe que tuvo por el futuro de los dominicanos con una patria libre, soberana y libre de ataduras imperialista.

Jacques Viau Renaud

"Pasa Jacques Viau, montado en una estrella..."

El poema más hermoso que se escribió en los dí­as de la guerra de abril de 1965, lo plasmó la inspiración del poeta Juan José Ayuso. Lo escribió para un joven poeta haitiano llamado Jacques Viau Renaud, que cayó combatiendo en defensa de la soberaní­a nacional dominicana.

Jacques Viau, era un haitiano culto. Hijo de un importante lí­der polí­tico haitiano, que fue candidato presidencial en Haití, en unas elecciones fraudulentas que Francois Duvalier "ganó", para convertirse en el sanguinario dictador que oprimió durante lustros a ese desdichado paí­s.

Alfred Viau, su padre, era mulato, casi blanco, vino huyendo a la República Dominicana en 1958 junto a sus dos hijos y familia y de inmediato se dedicó a la enseñanza del francés en nuestros planteles escolares. Era un demócrata. Un hombre de alta estatura que fue profesor de muchos de nosotros. Recuerdo que antes de iniciar las clases, el profesor Viau, luego de decir buenos dí­as, tomaba un trozo de tiza y escribí­a una frase histórica en la pizarra, donde se exaltaban valores universales y éticos o se citaban héroes y pensadores. Era un ritual".

Y Jacques Viau Renaud hizo de la República Dominicana un poema.

En qué preciso momento se separó la vida de nosotros, / en qué lugar,
/ en qué recodo del camino?
/ ¿En cuál de nuestras travesí­as se detuvo el amor
/ para que decimos adiós?
/ Nada ha sido tan duro como permanecer de rodillas.
/ Nada ha dolido tanto a nuestro corazón
/ como colgar de nuestros labios la palabra amargura.
/ ¿Por qué anduvimos este trecho desprovistos de abrigo?
/ ¿En cuál de nuestras manos se detuvo el viento
/ para romper nuestras venas
/ y saborear nuestra sangre?
/ Caminar... ¿Hacia dónde?
/ ¿Con qué motivo?
/ Andar con el corazón atado,
/ llagadas las espaldas donde la noche se acumula,
/ ¿para qué?, ¿hacia dónde?,
/ ¿Qué ha sido de nosotros?
/ Hemos recorrido largos caminos.
/ Hemos sembrado nuestra angustia
/ en el lugar más profundo de nuestro corazón.
/ ¡Nos duele la misericordia de algunos hombres!
/ Conquistar nuevos continentes, ¿quién lo pretende?
/ Amar nuevos rostros, ¿quién lo desea?
/ Todo ha sido arrastrado por las rigolas.
/ No supimos dialogar con el viento y partir,
/ sentarnos sobre los árboles intuyendo próxima la partida.
/ Nos depositamos sobre nuestra sangre
/ sin acordamos de que en otros corazones el mismo lí­quido ardí­a
/ o se derramaba combatido y combatiendo.
/ ¿Qué silencios nos quedan por recorrer?
/ ¿Qué senderos aguardan nuestro paso?
/ Cualquier camino nos inspira la misma angustia,
/ el mismo temor por la vida.
/ Nos mutilamos al recogemos en nosotros,
/ nos hicimos menos humanidad.
/ Y ahora,
/ solos,
/ combatidos,
/ comprendemos que el hombre que somos
/ es porque otros han sido.

Los coroneles Francisco Alberto Caamaño Deñó, Rafael Tomás Fernández Domí­nguez y Juan Marí­a Lora Fernández fueron los lideres militares de la Revolución de Abril.
Silvano Lora el pintor del alma y el corazón de un pueblo invadido y Jacques Viau Renaud el poeta haitiano que hizo de la República Dominicana agredida y pisoteada un poema eterno.

"Estoy tratando de hablaros de mi patria, aquella que comienza a deslizarse
/ allá donde crecen las guazábaras,
/ las cayenas frágiles,
/ los cantaros sedientos y polvorientos, la hierba rara,
/ amarillenta,
/ solitaria lanza midiendo el corazón de mi isla.

Estoy tratando de hablaros de mi patria, desde aquí­,
/ desde mi guarida salina,
/ desde Santo Domingo,
/ quizás os hable de ambas:
/ son dos terrones complementarios
/ puntos cardinales de mi tristeza
/ caí­dos de la rosa de los vientos
/ como amantes cuyos abrazo se rompieran. ......
/ Mi patria
/ es una tierra elevada
/ de dilatados herbazales y doradas mazorcas que cruzan los mares y se van muy / lejos mientras los hombres del montes y la llanura se dilatan hambrientos.
/ .....
/ Allí­ he nacido,
/ de allí­ partí­ atado a la sangre
/ solo, después de los años,
/ descubrí­ en mi pecho la mancha roja,
/ entonces aprendí­ a leer en las hojas,
/ a hablar con la tierra
/ y a callar cuando ella reconstruí­a la historia de los muchos muertos que la / sustentan
/ de la sangre que alimento sus frutas
/ del llanto que sostuvo la precocidad de sus montes. ...
/ Mucho tiempo ha transcurrido desde que partí­ nada ha cambiado
/ siguen los mismos montes pelados
/ la misma vegetación de vegetales y girasoles de cafetales oscuros y pastizales / estrellados solo el hambre ha crecido
/ ya no hay lugar en los cementerios
/ ni en los ojos llanto
/ ni en mi isla patrias
/ ...
/ Así­ es mi patria
/ .....
/ He querido hablaros de mi patria
/ de mis dos patrias
/ de mi isla
/ que mucho dividieron los hombres
/ allí­ donde se aparearon para crear un rí­o."

"Jacques Viau, poeta esencial, de una quejumbre troncal, hizo vida común con los poetas y artistas que caminaban por la calle El Conde y tertuliaban en las cafeterí­as. El estuvo en "Arte y Liberación", aquel grupo dirigido por el gran pintor Silvano Lora que en el patio del viejo ayuntamiento daba recitales de contenido social.

Jacques era sensible y de un espí­ritu cultivado. Era un haitiano culto. Era un haitiano que amaba profundamente a su paí­s. Era un haitiano que dijo: "nadie que no sea joven habitará esta isla un dí­a". Era un haitiano que dijo: "que un dí­a los hambrientos comprendan que la vida les pertenece / que el callado plañidor de las calles, edifique con lo que sus manos nunca han tocado..."

Era haitiano integral y amaba su paí­s y rechazaba la dictadura. Los domingos están llenos de Jacques Viau, leyendo sus poemas en una casa amarilla frente al mar. Cuando llegó abril de 1965, este joven de apenas 22 años, que caminaba la ciudad pequeña con sus cuadernos de poesí­a, que daba clases en el Liceo Dominicano, con sus grandes ojos claros, con su voz serena, se unió a los jóvenes dominicanos que levantaron trincheras para defender la bandera tricolor". (Tony Raful, Secretaria de Cultura)

Ya no es necesario atar al hombre para matarlo.
/ Basta con apretar un botón
/ y se disuelve como montaña de sal bajo la lluvia.
/ Ni es necesario argí¼ir que desprecia al amo.
/ Basta con proclamar -ceñuda la frente-
/ que comprometí­a la existencia de veinte siglos.
/ Veinte siglos,
/ dos mil años de combatida pureza,
/ dos mil años de sonrisas clandestinas,
/ dos mil años de hartura para los prí­ncipes.
/ Ya no es necesario atar al hombre para matarlo.
/ La noche,
/ los rincones,
/ no,
/ nada de eso sirve ya.
/ Plazoletas y anchas calles se prestan bulliciosas.
/ No cuenta el asesinato con los pacientes,
/ No cuenta el prí­ncipe con los sumisos.
/ Todos han olvidado que el hombre es aún capaz de cólera.
/ Las llamas se extinguen sin haber consumido el odio.
/ El dí­a irredento ha postergado la resurrección del hombre.
/ Y los otros,
/ Aquellos que presencian la matanza sentenciando:
/ "Locos, habéis tocado a la puerta de la muerte
/ y ella se quedó en vosotros!"
/ Esos
/ Solo saben predecir la muerte,
/ No han aprendido a combatirla.
/ No han aprendido a cobijar la tierra en el corazón
/ Ni a ganar la patria para el hombre.
/ Y el sumido, ¿qué hace?
/ ¿Dónde deposita su silencio?
/ ¿En qué lugar del corazón teje la venganza?
/ Nadie lo sabe.
/ Todos le han olvidado.
/ Se ha dictaminado que su morada sea la sombra,
/ que el pan deshabitado sea su alimento,
/ que el pico le prepare el lecho
/ y la pala le cubra el corazón.
/ ¿Qué es el hombre combatido?
/ Nadie lo recuerda.
/ Lo visten los trapos.
/ Lo arrojaron en la parte trasera de la casa
/ y allí­
/ con los residuos
/ un guiñapo se amontona.
/ Las llamas se extinguen.
/ Se arrinconan los hombres en una sola sombra,
/ en un solo silencio,
/ en un solo vocablo,
/ en un llanto solo
/ y cuando todo sea uno,
/ uno el llanto y el vocablo uno
/ no habrá paz sobre la tierra.
/ ¿No habrá paz?
/ Y aquellos que dictaminaron el destino del hombre,
/ los que jamás contaron con los sumisos,
/ amasarán con sangre su propia podredumbre.
/ ¡No habrá paz!
/ ¡Llanto para quebrar el llanto,
/ muerte para matar la muerte!

"NADA PERMANECE TANTO COMO EL LLANTO"

(Jacques Viau Renaud)