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Haiti-Japon : Fobias


Añadió el Domingo 3 de abril de 2011

Por Marc Antoine Archer *

Transmitido a AlterPresse el 2 de abril de 2011

Hace ya 14 meses, un terremoto de 7.2 grados de magnitud con el epicentro situado a 25 km de la capital de Haití y a una profundidad de 10km, acababa con la vida, las esperanzas, los sueños de más de 300.000 Haitianos, dejaba en la calle a más de 1.500.000 de ellos y reventaba los cimientos de un país frágil, vulnerable y de una capacidad de planificación muy limitada. Lo vivía personalmente y puedo decir que aquél día, el 12 de enero de 2010, al igual que los más de 4.000.000 de personas que vivíamos tal acontecimiento por primera vez en nuestra vida, sentimos próximo el fin del mundo. Fueron 34 segundos durante los cuales la “Naturaleza” nos tuvo a su merced y nos hizo comprender que jamás lograremos domarla y que este sueño nostálgico de controlar la tierra seguirá siendo un sueño inalcanzable, una ilusión más. Por eso comprendí el horror que se debió vivir en Chile un mes y medio más tarde y eso es lo que me hace sentirme tan próximo estos días al pueblo japonés. El sismo vivido en Haití con un balance final tan desolador supuso para mí un golpe psicológico tan fuerte que me será difícil volver a ser igual.

El día 24 de enero de 2010, volvía a Barcelona, después de haber vivido esta pesadilla, la peor de mi vida. Sobreviví. Sobrevivimos, tanto mi mujer como yo, a dicho terremoto. Sobrevivir a tal “despropósito de la naturaleza” sólo puede calificarse de milagro. Al llegar a Barcelona, una explosión de simpatía, de generosidad ciudadana nos esperaban. Las manifestaciones de apoyo a Haití fueron muchas. Y, de hecho, algunas siguen realizándose. Con menos intensidad, lógicamente, pero, en un rincón, el humorista Forges sigue animando a la gente a que no se olvide de Haití mientras que el humorista gráfico “El Roto”, sigue pensando que, a Haití, solamente “sepultada” se le ve. Algo de razón tiene este último. Desgraciadamente. De entre la masa ingente de manifestaciones de simpatía hacia un país del que, desde España se desconocía completamente todo, destacaba una, rancia, falta de rigor, sensacionalista, de un periodista que basa su “éxito” en la provocación: Salvador Sostres. Su historial de denuncias, de demandas judiciales, es largo. Decía que en Haití, este 12 de enero, la “Naturaleza” había menstruado. La naturaleza, según él, de vez en cuando, se deshacía de lo “superfluo”, de sus “sobrantes”, y eso era lo que había sucedido en Haití. Era, me imagino, una provocación más, que quizás hubiera necesitado una querella criminal. Gracias a esta forma de pensar y de expresar sus pensamientos, usando la provocación como elemento de marketing, este columnista del periódico “El Mundo”, tertuliano en algunas cadenas de TV como “Tele Madrid” en la que protagonizó hace poco un “show fálico-emocional” de muy mal gusto, se gana bien la vida. El Sr. Sostres parece formar parte de este grupo de personas a las cuales, para que se les aprecie su talento, lo deben de teñir de mal gusto. Para que los lectores entiendan mi postura, les transmito lo que escribió este señor en su blog, después del terremoto de Haití:

Eso de Haití es un drama pero el mundo, a veces, hace limpieza. No podemos vivir todos tanto tiempo y sólo los mejores y los que viven en mejores condiciones perduran. El mundo menstrua, como así tiene que ser. No me alegro, de la tragedia de Haití, pero estas cosas pasan y equilibran el planeta. La mayor parte de los que pueden estar en desacuerdo con este tipo de comentarios son pobres muertos de hambre que suerte tienen que éstos que están más muertos de hambre que ellos, de vez en cuando, un mal viento se los lleva.

Porque si el mundo no menstruara y tuviéramos que repartir la caridad entre todos los pobres del planeta, tarde o temprano todos estos funcionarios, vagos, y obreros que se toman la baja por causa de enfermedades imaginarias, se tendrían que poner a trabajar y los comités de empresa quedarían abolidos por razones de extrema necesidad. Ahora todo el mundo llora con Haití, pero los más solidarios, y los que más lloran, que suelen ser los más inútiles y los más desgraciados, tienen la inmensa suerte que de vez en cuando una tragedia como la presente barre una parte de miseria mundial y los socialdemócratas de nuestra casa vuelven a ser los pobrecitos oficiales, merecedores de toda subvención.

Eso de Haití es una manera uno poco aparatosa -pero una manera, al fin y al cabo- de hacer limpieza en el planeta. Morir es trágico pero vivir en Haití no puede decirse que sea mucho más agradable. Quiero decir que los muertos de estos días tienen, como mínimo, el consuelo de no tener que continuar viviendo en Haití. Si eso hubiera pasado en Europa sí que habría sido un auténtico drama. Quién sabe dónde está Haití. Se puede ser tierno y ser duro. El mundo menstrua y escoge el día, el chorro y el lugar oportuno.

Me resistía a responderle por lo fóbico del texto y por la abundancia de incongruencias. Además, pensaba que su desgracia era suficiente ya que, alguien que se crea ser más importante que otro por el mero hecho de vivir en un lugar más favorecido o que su vida es más valiosa que la de otros que viven en otras zonas más desfavorecidas o que la vida humana en algunos lugares del Planeta no merece ser vivida y que la desaparición de los seres que llevan estas “vidas desgraciadas” no puede suponer ninguna pérdida interesante, no puede ser normal ya que es una muestra de cretinismo supino y de coeficiente ético bajo. Esta forma de pensar pudo justificar la Trata Negrera, puede alentar la Trata de Blancas, cobijar la violencia de género y puede conducir a cualquier aberración social. De hecho, conviene que no nos olvidemos nunca que esta forma de pensar estuvo a punto de llevar el mundo al colapso, hace apenas 70 años. Espero que de estos acontecimientos no pensase el Sr. Sostres que tanta gente masacrada suponía algún tipo de limpieza. Creo que lo de este “individuo” corresponde a algún tipo de enfermedad. Una mente enferma que merece tratamiento o aislamiento. En caso contrario, debería ser judicialmente sancionado.

A pesar de haber decidido no contestarle después de sus reflexiones sobre la tragedia de Haití, no puede eludir una respuesta ahora que ha vuelto a manifestar esta misma opinión comparando lo de Japón con lo de Haití. A pesar de estar dándole mayor publicidad es bueno y saludable contestarle. Por lo menos, me permitirá hacer una gestión más saludable de este conflicto personal en el que me ha sumido este hecho. Además, como estoy convencido que hay más “desequilibrados emocionales” pensando de la misma forma que Sostres, es por lo tanto bueno quitarles la máscara respondiendo a los razonamientos cojos, falaces que usa Sostres para esconder sus fobias. No sé si se debería interponer una querella por “lesa humanidad” . Dicho esto, les transcribo parte del nuevo texto de Sostres publicado después del terremoto de Japón:

… Lo de Japón sí ha sido una auténtica tragedia y lo de Haití hace un año fue un drama. … La inmensa mayoría de japoneses, como de españoles o de alemanes, de ingleses o americanos salen y salimos perdiendo cuando traspasamos. El precio de la vida en el Occidente libre es más alto que en Haití. No digo que sea justo, digo que es lo que pasa. También en eso se basa la diferencia entre tragedia y drama.

… Otro elemento que cabe consignar son las múltiples aportaciones que Japón y su historia y su tradición y su potencial actual han hecho y hacen a la historia y al progreso de la Humanidad. Desde la cocina hasta la tecnología, nuestro modo de vida tiene mucho que ver con ellos y les debemos mucho. Así como en Haití todo se reduce a una cuestión de pérdidas personales, que naturalmente hay que lamentar, en Japón la tragedia va mucho más allá del drama personal y puede afectar al ritmo del progreso de la Humanidad. A parte de las muertes de seres humanos que siempre hay que llorar, ¿cuántos de estos seres humanos eran además cocineros, científicos, médicos, informáticos, ingenieros, genios de diversas disciplinas cuya muerte nos privará del fruto fundamental de su talento? ¿Cuántas vacunas se estaban a punto de descubrir en aquel laboratorio que se tragó el terremoto? ¿Cuánto avance tecnológico a punto de ser patentado se ha tragado el tsunami? También eso cuenta, y también eso diferencia la tragedia del drama.

… Las ayudas tendrían que ser masivas, automáticas y abundantes, pero el resentimiento social hizo que se mandaran vete a saber cuántos recursos a Haití y que lo de Japón todavía hoy nos lo estemos mirando desde la distancia.

Dejo que los lectores saquen sus propias conclusiones. Yo estoy tan impactado que me pregunto si es el uso de la razón o si son las sinrazones y los sinsabores de la vida que empujan a un individuo a buscar elementos de comparación entre la vida y la muerte, conceptos inmateriales, basándose en consideraciones materialistas. Si siguiéramos por esta misma senda, buscando elemento de comparación entre Sostres y el resto del mundo o estableciendo una categorización basada sobre la importancia del individuo, creo que él, saldría perdiendo. Es más, me imagino que si, un Haitiano que se siente profundamente herido por los comentarios del Sr. Sostres le “pega un tiro” (pongamos por caso), la cosa no pasaría de ser una simple anécdota que los tribunales procurarían solucionar (suponiendo que en el momento del acontecimiento luctuoso se encontrase en un país en el que se respeta el derecho a la vida). ¿Sería un drama o una tragedia? Supongo que lo debe admitir, la “localización” de un acontecimiento no le resta ni le debe de restar importancia.

Sostres, por la forma de tratar el tema, demuestra tener unas “fobias” de las cuales se debería poder librar si se pone en manos de un buen profesional. Un buen psicólogo puede hacer un buen trabajo con él, estableciendo una terapia que consiga elevar su categoría ética a lo que se podría esperar de una persona con formación que viva en sociedad. ¿ Puede ser que un individuo, en pleno siglo XXI, pueda pensar que:

-  La distribución de genios es superior en Japón que en Haití.

-  Los sueños, los anhelos, los deseos de un Haitiano son menos interesantes que los de los Japoneses.

Es doloroso darse cuenta que un individuo, formado, no vea que independientemente de la condición económica del Japonés y del Haitiano, ambos pueblos tenemos unas relaciones completamente diferentes frente al dolor, frente a la vida y frente a la muerte. Vivimos de forma diferente. Morimos de forma diferente. Amamos de forma diferente. Eso nos hace diverso dentro de la unidad. Sin embargo, el precio de la vida del Haitiano es idéntico que el del Japonés o del Chino o del Español o del Cubano. El mismo, independientemente del lugar o de las elementos coyunturales. La forma de pensar de Sostres, negando este hecho, resulta perversa, es además dañina, incita a la discriminación y fomenta el racismo. El camino recorrido por España en estos 36 últimos años principalmente es demasiado bonito como para dejar que ciertos individuos del tipo de Sostres despierte viejos demonios con su lenguaje y su forma de pensar. No creo que debamos dejar pasar por alto el texto de Sostres sobre Haití ni su versión “REMIX” sobre Japón. Haití no se lo merece. Ni tampoco Japón.

El Ser Humano es un animal que ha logrado controlar sus instintos (no todos) para poder vivir en sociedad y en paz. Aun no ha logrado hacerlo de forma armoniosa con sus semejantes ni con su entorno pero creo que esto algún día llegará. Si un ejemplo se ha de extraer de la desgracia de Japón, creo que este es uno de ellos: la prudencia en nuestras relaciones con el entorno para que nuestro orgullo no nos hunda a todos. Eso es inteligencia, y es esa misma inteligencia que ha permitido al hombre crear un marco ético y moral en el que pudiera vivir si miedo a que, entre nosotros mismos nos agrediéramos, nos matáramos, nos comiéramos. Para llegar a esta situación, han tenido que pasar muchos años, hemos tenido que “civilizarnos” para poder aprender a proteger la vida, a respetarla, por acción y por palabra. Hemos podido alcanzar cierta “Plenitud humanista” que haya hecho que salvar una vida sea beneficioso para el conjunto de la humanidad, independientemente de la importancia de la persona salvada. Por eso me preocupan las reflexiones del Sr. Sostres sobre Haití , y, sobre Japón. Y, en el fondo, puesto que la Naturaleza “menstrua y escoge el día, el chorro y el lugar oportuno”, me pregunto si no sería interesante que la próxima vez apuntase mejor y afinase mucho más eligiendo el edificio, la escalera, el rellano, el piso donde vive el Sr. Sostres. Eligiendo el chorro y la duración de la menstruación, se trataría de un caso de oligomenorrea que nos libraría solamente de él. No sé si sería una tragedia, un drama o una simple pérdida, un “drama colateral”. Quiero dejar constancia que al Sr. Sostres no le deseo ningún mal y que espero que Dios, en su “Magnanimidad”, le conceda larga vida. Sufrirá más.

Barcelona, 1 de Abril de 2011

* Físico